Desde su interpretación de El amor brujo, de Manuel de Falla, bajo la dirección orquestal de Leo Brower, pasando por su Antología de mujeres en el cante, hasta llegar a su más reciente espectáculo Oasis abierto, con poemas de Miguel Hernández, Carmen Linares siempre ha defendido la fusión, que en la escena del flamenco se conoce como mestizaje. “Las mezclas entre estilos distintos siempre son buenas, pero hay que tener mucho cuidado porque uno puede cometer el error de hacer una ensaladilla rusa. Lo importante en el mestizaje es identificar el punto de partida y saber el puerto al que se quiere llegar”, dice esta artista, a la que un día le ofrecieron ser diva y se quedó como cantaora. el espectador
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