Quince días parecen muy pocos para capturar la esencia de un mundo tan amplio como es el tango. Para Diego El Cigala fue tiempo suficiente para desatar en las calles de Buenos Aires su apetito musical -insaciable como pocos-, y descubrir que este género y el flamenco se cantan con el mismo desgarre del corazón.
Durante ese tiempo -en el que preparó una selección de 11 tangos junto al guitarrista Juanjo Domínguez, el bandoneonista Néstor Marconi, el violinista Pablo Agri y el cantante Andrés Calamaro, entre otros-, el gitano llevó en su mente a su tío, el coplero Rafael Farina, quien por allá en los años 50 entonaba con sentimiento andaluz el tango Vino amargo, en el Teatro Pavón de Madrid; ese que decía: "Vino amargo es el que bebo / por culpa de una mujer / porque dentro de mí llevo / la amargura de un querer". el tiempo
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